Todo cuanto somos es vulnerable al cambio, desde lo físico a lo espiritual, sin embargo la esencia misma del ser no cambia, es inmutable al contexto en que nos movemos, pues su invisibilidad genera una fortaleza impenetrable a las amenazas de la sociedad. Es lo que realmente somos, lo que nos hace diferentes y únicos, esencia propia de uno mismo imposible de reproducir.
Así soy, así es como me siento. Puede que cambie mi manera de pensar o de ver las cosas, puede que ya no me asombre ante los acontecimientos del diario vivir, pero hay una identidad interma que me hace ser yo misma. Me acepto y me quiero, aunque anhelo ser mejor, pero no me afligen los obstáculos, todo lo contrario, es el desafío diario que me incita a luchar.
Los obstáculos hacen más entretenida la vida, nos va midiendo la capacidad de superación, nos obliga a buscar formas de salvar situaciones adversas, aunque humano es entristecerse por problemas que no tuvieron solución. He ahí donde hay que ser inteligente y saber hasta donde llega nuestra intervención, pues hay cosas que no podremos cambiar y sólo queda la sabia actitud de asumir.
